Bebedores sociales ¿algo normal o un problema en potencia?16 febrero, 2015

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Ya hemos hablado varias veces que vivimos en una sociedad en la que el consumo de alcohol se celebra de muchas maneras y se fomenta. Cualquier actividad social lleva implícita la necesidad de tomar alcohol, bien sea en una comida, cena o como manera de confraternizar con los amigos o compañeros de trabajo. Cualquier excusa es buena para tomar una copa y eso, que a priori puede parecer algo inocuo, se puede llegar a convertir en un grave problema.

Normalmente, esto podría no ser nada grave, si el consumo no es excesivo y se limita a momentos puntuales. Pero la costumbre de acompañar cada encuentro social puede llevar a sobrepasar lo que se puede considerar saludable, sin que apenas el consumidor se de cuenta de ello.

La acumulación de alcohol puede causar problemas en el organismo, de manera que no se perciba hasta que sea demasiado tarde y comience a mostrar síntomas. Uno de los primeros puede ser mostrar síntomas de adicción, es decir, que el organismo demande ese consumo de forma continua y que produzca la necesidad de tomarlo habitualmente.

El bebedor social puede consumir varias copas de alcohol, bien en forma de bebidas espirituosas como de cervezas, que aunque contengan menos alcohol representan un riesgo. Esa cantidad reducida de alcohol puede hacer que no se tenga consciencia de lo ingerido y hace que se baje la guardia. Esto puede llevar a consumir más de lo que se puede controlar y comenzar a introducirse en el mundo del alcoholismo, que tantos problemas causa en las familias.

La copa de vino en las comidas, que se supone que ofrece algún tipo de beneficio al organismo es también una trampa. Es cierto que el vino contiene sustancias que podrían hacer mejorar la salud, pero cualquier beneficio que pudiera tener esta bebida se ve eclipsado por el contenido en alcohol del mismo.

Hay que evitar cualquier consumo de alcohol, por pequeño que sea, para evitar todos los riesgos que conlleva. No hay una cantidad mínima que pueda beberse de esta sustancia, perniciosa y peligrosa no solo por sus efectos en el cuerpo y la mente, sino también por su repercusión en las relaciones sociales de la persona que comienza a ser adicta su consumo y que, además, puede ser arrastrada, también por la presión social, a otras adicciones que fomenten todos esos hábitos peligrosos.

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