Las drogas en el colegio: una amarga realidad22 abril, 2015

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“No aceptes caramelos de desconocidos”, nos decían nuestras madres hace no tantos años. También nos alentaban a evitar que nos pusiéramos “calcamonías” ofrecidas por extraños, ya que estas, nos contaban, estaban impregnadas con drogas que se absorbían por la piel y llegaban a causar una seria adicción. Por suerte, muchas de esas historias no eran más que leyendas urbanas sin fundamento. Por desgracia, la presencia de las drogas en los colegios es algo muy real que hay que tener en cuenta y que cada vez representa un problema más grave entre los jóvenes.

No son extraños personajes los que se acercan a los niños y les ofrecen drogas mediante trampas y engaños, sino que son personas muy identificables y conocidas por ellos. Y que les venden estas sustancias con perfecto conocimiento de los menores de lo que están comprando y cómo lo van a utilizar.

En el propio colegio no suele haber problemas ya que se realiza una vigilancia bastante efectiva, o al menos, en la mayoría de ellos. Es en la calle, en las puertas de los centros educativos, donde se sitúan estos vendedores y donde se producen las transacciones, por lo que los responsables de los mismos no pueden intervenir. ¿Cómo evitar que se produzca este tipo de menudeo en las inmediaciones de los colegios?

Es complicado afrontar este tipo de problemas, ya que dependen de la voluntad política de los gobernantes de turno y no se puede actuar de manera efectiva. Hay que conocer bien qué ocurre alrededor de los centros, conocer a las amistades del menor y marcarlo de cerca.

Sabemos que es una acción que puede llegar a molestar bastante y desde luego, no va a gustar a los niños. Pero se ha de tener en cuenta que es algo que se hace por su seguridad y para evitar su acceso a las sustancias tóxicas, tanto las que se consideran legales como las que no lo son .

Además de ofrecer una correcta información acerca de los efectos de estas sustancias, hay que evitar que puedan caer en el consumo, por lo que lo ideal es transmitir cualquier inquietud a este respecto a las autoridades pertinentes y sobre todo, colaborar en las acciones preventivas que se realicen en los centros. Entre todos, se puede crear una buena base de información que ayude a los jóvenes a no iniciarse en el consumo.

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