Seguro que no sabías que este escritor sufrió fuertes adicciones…11 abril, 2016

Stephen King

Todos hemos leído algún libro escrito por Stephen King. O al menos, hemos visto alguna de las películas que se basan en ellos: El Resplandor, El Misterio de Salem’s Lot, Carrie, Christine, La Torre Oscura…

Son grandes obras que nos han sobrecogido tanto en las páginas de una novela como en las pantallas del cine.

Por eso resulta curioso saber que este genio de la literatura de terror también tuvo un momento oscuro con las drogas y el alcohol en un momento de su vida en el que la depresión y las exigencias de su trabajo hicieron mella en él.

Stephen King también cayó en las garras de la droga

 

El rey de la literatura de terror también ha sufrido un episodio relacionado con las drogas, que le pasó factura en su vida.

 

Durante unos años, la presión editorial provocó que el escritor se sintiera agobiado y el éxito le hacía exigirse cada vez más libros y mejores. Los tranquilizantes y la cocaína entraron en su vida e hicieron que en esos momentos se sintiera atrapado por estas sustancias.

De hecho, él mismo reconoce que no sabe de dónde salieron alguno de los libros que escribió en esa época de su vida.

Cujo, una de las novelas llevadas al cine, apareció un día en su máquina de escribir, sin que él recordara haberla escrito.
Estos lapsus son comunes entre la gente que cae en las redes de las drogas. La mente se abstrae y los adictos no saben qué están haciendo ni son responsables de sus actos.

En el caso de King, nos brindó alguna de las páginas más inquietantes de la literatura de terror, pero no todos somos genios y las consecuencias pueden ser bastante más graves que escribir un libro.

Las drogas son un peaje que hay que pagar

 

En el caso de Stephen King, ese consumo de drogas y alcohol provocó además una serie de crisis de salud que estuvieron a punto de acabar con su vida.

No se puede justificar de ninguna manera el consumo de drogas para rendir más en el trabajo ni para ser más creativo. Las consecuencias siempre están ahí, aunque no se aprecien a primera vista.

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